Y llegaros los truenos.

Y no truenos pos-rayo sino truenos pos-Nerea.

Todos tenemos días complicados (las mujeres más), así que ahí estaba yo, con una rabieta de niña que no sabe lo que quiere, y al pobretico que me aguanta día tras día se le ocurrió el mejor remedio del universo para verme contenta de nuevo: ir a la costa a ver animalicos.

Y para allá que fuimos en cuanto nos despertamos, más concretamente a una isla llamada Runde (visita obligatoria). Puedes ir en coche y hay un camping muy cerquita del comienzo de la ruta, no tardas mucho en recorrer la zona pero si puedes permitirte quedarte allí mucho mejor, el aire de la costa siempre reinicia.

Hay varios senderos para recorrer la isla, en uno de ellos puedes desviarte para ver el faro, pero realmente fuimos allí para ver un pajarico muy pero que muy bonico: EL FRAILECILLO.

El camino era precioso, tenía que pararme cada minuto a mirar a mi alrededor, el hecho de dar un giro de 360º y verte rodeada del mar con montañitas a lo lejos merecía la pena. Era todo una mezcla de color azul en diferentes tonalidades.

Llevábamos ya un buen rato caminando, habíamos visto varios tipos de aves pero aun no había rastro del frailecillo.

Miguel me preguntó: “¿crees que vamos a ver alguno?”
Yo respondí: “Si te soy sincera no, pero bueno ha merecido la pena por las vistas”

Acto seguido veo uno de ellos volando cerca nuestra, me sentí completamente trolleada, es como si me hubiera escuchado y hubiese echado a volar. Con toda la emoción fuimos al mirador y pudimos ver cientos de ellos por allí volando. Había gente, todos estábamos sentados y en silencio esperando a que alguno de ellos se acercase para dispararle con los “turbobjetivos” y sacar la mejor foto.

 

Si decidís ir algún día la mejor hora para poder verlos de cerca es al atardecer, a esa hora comienzan a posarse en las piedras y son muy curiosos así que seguramente podáis verlos de cerca. Espero que podamos volver antes de acabar el verano y quedarnos allí a dormir.

Finalmente la rabieta se me pasó y acabé el día riéndome de las gaviotas que cogían en el aire el pan que les lanzábamos… ¡RETO CONSEGUIDO!
Siempre lo consigue, siempre sabe sacarme una sonrisa seguida de la frase: ¡Aaay… qué a gusto se tuvo que quedar tu madre!

Gracias.

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