Cuando fuimos a tomar los últimos rayos de sol (Parte 1)

Lagoa de Albufeira

Acabábamos de llegar a España cuando tuvimos que comenzar a concienciarnos de que en unos pocos meses volveríamos a irnos.

Este verano cerramos un trato para un trabajo en Noruega. Sabíamos que el invierno sería duro, así que decidimos darnos un homenaje antes de volver, uno de esos homenajes que tienen un principio y un fin, pero no por eso iba a ser menos bueno.

Le habíamos cogido el vicio a viajar en coche, después de 3.500km hasta Noruega ¿qué era para nosotros ir a Portugal que apenas estaba a unos 850 km?

Así que allá que fuimos. Hicimos noche en Badajoz, dónde cenamos un buen plato de pescaito frito a lo extremeño (a lo grande vamos) para coger fuerzas. A la mañana siguiente seguimos la ruta en busca de algún lugar con sol y mucha playa. No buscábamos un viaje en el que ver millones de cosas en el tiempo que teníamos, todo lo contrario, buscábamos echar el ancla en cualquier camping cutre y no movernos de allí en una semana.

Cuesta creer que hoy en día sea tan difícil encontrar un camping cutre, de los de toda la vida, lejos de “piscinacas” y de lujos, un camping donde tú echas la tienda al suelo y te buscas la vida. Finalmente dimos con uno en Setúbal, perdido entre caminos de arena.

El señor que se ocupaba de todo fue bastante amable, punto a favor (también cuesta encontrar a gente amable por el mundo). El camping tenía un pequeño bar donde servían café, tostadas como mi cabeza de grandes, comida del día y cerveza, cerveza bien fría.

Aquí os dejo el camping del que hablo, por si estáis buscando un camping chachi.

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