Tenerife (parte 1)

Sí, fuimos a Tenerife hace casi un año y no dijimos nada sobre ello. Fue un viajecito inesperado.

Quedaba solo un mes para que se acabase mi contrato de esclavo-trabajo, habíamos planeado irnos a Noruega solo unas semanas después de eso y entre medias no sabíamos muy bien qué hacer.

Nos hacía falta relajación, el “plan” era intentar ir a Grecia a visitar a unos amigos, pero la subida de precios de los vuelos comenzaba justo el día que mi contrato acababa.

Entre papeles, archivos de photoshop y emails recibí uno en el que ponía: “Plan de empresa” seguido de un wpp de Miguel que decía: “oye te acabo de mandar un correo con unas cosas para tu proyecto”.

¿Y qué había dentro? Un plan, desde luego, pero no de empresa. Un par de billetes de avión para TENERIFEEEE.

Creyendo que el verano sería frío y pasado por agua (Noruega) qué mejor destino que sol y naturaleza. Así que allí que nos fuimos.

Decidimos buscar un destino “poco turístico” e ir moviéndonos en coche por toda la Isla. Bajamar sería nuestro campamento base, un pueblecito situado en el norte de Tenerife, playa, rutas, bares domingueros y cama. José, el dueño del apartamento, fue muy amable desde el primer momento. De vecinos teníamos unas cuantas parejas de ancianos, dos de los maridos bajaban a sentarse junto a la puerta, y en más de una ocasión cuando volvíamos de alguna excursión se ponían a contarnos historias de cuando eran jóvenes. Ese pueblecito tenía magia.

Tenerife 2018

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