Winter light

Echo de menos la luz del invierno.

En invierno hay meses en los que no ves el sol, eso hace que aprendas a apreciarlo queriendo absorber cada rayo en tu piel y tus pupilas.

Siempre había pensado que un invierno sin luz sería difícil, y no dudo que lo sea si tienes que vivirlo año tras año. Pero para mi, este era el primero.

Lo de “invierno sin luz” no era cierto, podría rectificarlo por un “invierno sin sol” porque luz había, además la luz que conseguía iluminar esta zona entre montañas era una luz preciosa, en cambio, el sol no conseguía atravesarlas.

Stryn 2019

El verano es completamente lo opuesto, tienes luz las 24 horas del día. Cuando el sol se deja ver, la luz que nos da es muy intensa, ilumina absolutamente todo. Es bonita también, pero ahora que he vivido las dos estaciones me quedo con la luz del invierno.

Los amaneceres tintaban una parte del cielo de color amarillo, por donde intuías que salía el sol, y la otra de color rosado.

Sunrise
Stryn, 2019

Los atardeceres, en cambio, tintaban el cielo de color violeta, y de un azul intenso antes de desaparecer la luz y quedarse un cielo completamente cubierto de estrellas.

Sunset
Stryn, 2019

En marzo empezaron a atravesar las montañas los primeros rayos de sol. Recuerdo que podían verse casi al medio día, la hora justa en la que nos teníamos que ir a trabajar. Nos quedábamos inmóviles, con los ojos cerrados, como lagartos, intentado absorber toda vitamina que el sol pudiera dejarnos durante esos 2 minutos que duraba.

Se podía notar en el ambiente la felicidad absoluta de esos dos minutitos de sol diarios. Y yo no podía parar de fotografiar esos pequeños momentos.

Por las mañanas la luz entraba por la ventana. Jugaba a dibujar formas en la pared, jugaba a crear sombras en la piel. Creaba un ambiente cálido en cada una de las habitaciones nuestra de casa.

Home

Es curioso que solo podamos apreciar ciertas cosas cuando están ausentes.
Me encanta el verano, me encanta el tinte azul turquesa que deja el deshielo en los lagos y fiordos, me encantan las montañas verdes, llenas de flores y vegetación, me encantan las nubes que se quedan atrapadas entre las montañas, los atardeceres rojizos y la pérdida absoluta de la noción del tiempo durante las noches en buena compañía.

Pero a veces, vivo más en lo ausente que en lo presente, y ahora echo de menos la luz del invierno.

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