Puedo viajar en el tiempo

Tengo la suerte de tener una memoria increíble. Puedo recordar olores, sonidos y hasta el tacto de las cosas.


Puedo recordar pequeños detalles de una casa, de una calle, el color de la camiseta que llevabas, el perro que toqué en la calle, el sabor del café que nos tomamos, la voz de las personas con las que hablo, gestos, miradas, sensaciones…

A veces parezco estar en las nubes, mi madre siempre me dijo que soy muy despistada, y no, no soy despistada mamá, lo que pasa es que me encanta sumergirme en mi maravillosa mente y hacer un viaje al pasado.
Es increíble la cantidad de detalle con lo que recuerdo cada instante que para mí ha sido importante.
Por eso disfruto de los largos viajes en coche, de pasar mil horas en un avión o en un autobús y de las esperas, porque desconecto de lo real y consigo viajar al pasado y adentrarme en ese mini mundo que algún día creé para mí en el que me siento completa, feliz y nostálgica.

Una de las cosas del presente que siempre me hace volver al pasado es la música. Me encanta la música, mi gusto musical es muy amplio y va por temporadas así que es inevitable trasladarme a un momento de mi vida cuando escucho alguna canción. Y esto nos pasa a todos, cuando entramos a un bar en el que suena la típica canción que ponías con tu hermana en casa mientras dabais saltos en el sofá, te traslada a ese momento y te sientes feliz de volver a escucharla.
La música me traslada a mi primer viaje, al verano de 2016, a cuando conocí a alguien, a cuando olvidé, a cuando cambié de casa, de bici o de trabajo, a aquella mañana de invierno, a cuando hice esa foto. Pero más allá de trasladarme a un momento concreto me traslada a lo que sentía en ese momento: emoción, felicidad, amor, pasión, nervios, estrés, sueño, empatía, tristeza, alegría. La música revive en mí sentimientos del pasado y es algo que me encanta.

Si cierro mis ojos puedo viajar, puedo tenerte justo delante de mi, puedo sentir el tacto del roce de mi mano con la tuya, puedo oler la humedad del bosque y escuchar el sonido de la tierra hundiéndose bajo mis pies.

Si cierro los ojos puedo saborear las monas con chocolate que mi padre compraba cada fin de semana, saborear los caramelos de café que mi bisabuelo tenía en su cajita de cristal y oler los bollos que siempre comprábamos al subir de la playa.

A veces pienso que vivo demasiado tiempo en el pasado, pero no puedo evitarlo.

Me encanta recordar.
Me encanta recordarte.
Me encanta recordarlo.
Me encanta recordarnos.

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